Soneto
¡Oh si las horas de placer durasen
como duran las horas del tormento!
¡Oh si, como se van las del contento,
las de pesar tan presto se pasasen!
¡Oh si en algo los tiempos se mudasen,
de mal en bien, siquiera algún momento,
o, ya que no se muden en su intento,
en aumentarnos el dolor cesasen!
¡Oh si el mal se midiese con la fuerza
del que padece su trabajo fiero,
o fuese el sufrimiento cual la pena!
O, ya que no hay quien la desgracia tuerza,
un daño no nos fuese mensajero
de mil, a quien, viniendo, nos condena