Soneto
Blanco marfil, que del profundo centro
con fuerza natural, que en mí mostraste,
la más subida prenda me arrancaste
que tiene el alma del sentido adentro;
trasparente cristal que fuera y dentro
la compostura del divino engaste
tienes con tanta luz, o no hay quien baste
a tener resistencia al vivo encuentro;
nevada mano artificiosa y pura,
del más purificado y excelente
metal, del mundo en gran razón compuesta;
manos en quien las fuerzas de ventura
puestas están, dichoso aquel que siente
en tales manos su esperanza puesta