Soneto

By Antonio de Villegas

¡Oh, quién tuviese un corazón de acero

que no fuese falsado de arma alguna,

para sufrir los golpes de Fortuna,

y aquellas ansias tristes con que muero!

Leed, señora, mi vivir primero,

y revolved sus hojas una a una,

tomando la inocencia de la cuna,

hasta llegar al término postrero.

Adonde podréis ver una firmeza

con accidentes duros y suaves,

llagada de los pies a la cabeza

Dolores que de agudos son ya graves;

veréis una rendida fortaleza,

do tiene Amor las fuerzas, vos las llaves.