Soneto
Dormía en un prado mi pastora hermosa,
y entorno de ella erraba entre las flores,
de una y otra usurpando los licores,
una abejuela, más que yo dichosa,
que vio los labios donde amor reposa
y a quien el alba envía los colores,
y al vuelo refrenando los errores,
engañada, los muerde como a rosa.
¡Oh venturoso error, discreto engaño!
Oh temeraria abeja, pues tocaste
donde aun imaginarlo no me atrevo!
Si has sentido de envidia el triste daño,
parte conmigo el néctar que robaste;
te deberé lo que al amor no debo.