Soneto

By Constantino Gil

Yo confieso, Señor, que es gran pecado

este de amar el fruto prohibido;

pero tú sabes bien que no he cedido

sino al caer sin fuerzas, hechizado.

Tú, que mi corazón habrás mirado,

podrás haberlo visto arrepentido

Yo no pequé, Señor, perdí el sentido

y al cobrar la razón me vi manchado.

Flaca es la pobre carne que me diste

Torpe el alma también, pues no refrena

al bruto que por cárcel le pusiste,

débil lazo a las dos las encadena

todo es débil, Señor, así lo hiciste,

¿cómo vas a imponer fuerte la pena?