Soneto
¡Oh bien feliz el que la vida pasa
sin ver del que gobierna el aposento,
y más quien deja el cortesano asiento
por la humildad de la pajiza casa!
Que nunca teme una fortuna escasa
de ajena vida el ponzoñoso aliento;
a la planta mayor persigue el viento,
a la torre más alta el rayo abrasa
Contento estoy de mi mediana suerte;
el poderoso en su deidad resida;
mayor felicidad yo no procuro;
pues la quietud sagrada al hombre advierte
ser para el corto espacio de la vida
el más humilde estado más seguro