Soneto
Quisiera adivinarte los antojos,
y de súbito en ellos transformarme;
ser tu dueño, y callado, apoderarme,
de todos tus riquísimos despojos.
Aire sutil que con tus labios rojos,
tuvieran que beberme y respirarme;
quisiera ser tu alma y asomarme
a las claras ventanas de tus ojos
Quisiera ser la música, que en calma,
te adula el corazón; mas si constante
mi amor consigue la aspirada palma.
Ni aire sutil, ni sueño delirante;
ni música, ni amor, ni ser tu alma
¡nada hay tan dulce como ser tu amante!