Soneto
Al árbol de la vida está fijada
la arpa de David, que no de Apolo,
resonando del uno al otro polo,
con tres clavijas de dolor templada
Haciendo estaba música acordada,
de siete voces, que las canta el solo,
y oyéndolas Neptuno, el fuego, Eolo,
y la tierra tembló, de alborotada.
El lamentable acento llegó al cielo,
y donde no se vio dolor ni llanto,
señales vimos de tristeza y duelo.
Oyó una Virgen el lloroso canto,
que es Madre del dolor y del consuelo,
y en lágrimas bañó su rostro santo.