Soneto

By Diego (Padre) Murillo

El paso lento, ahora acelerado,

de virginal vergüenza acompañada,

la rubia crencha al tranzado echada

busca la oveja al cordero amado.

El rastro de la sangre que ha dejado,

sigue la madre de su hijo amado,

sin duda le hallará, porque bañada

queda la calle, y lo demás bañado

Cual va la cierva con ardor buscando,

la clara fuente, donde bañe y riegue,

de flechas cruel la peligrosa herida.

Así corre la Virgen suspirando,

y no la detendrán hasta que llegue

al hijo, que es la fuente de su vida.

Llega la Virgen donde el Hijo estaba;

Ella le mira y El la mira a Ella;

Ella llora por El y El por Ella,

y por los dos la tierra se regaba

Ambos se miran, mas ninguno hablaba;

con los ojos publica su querella;

El ve su muerte en los ojos de Ella

y Ella en los ojos de El lo que mataba

Mas el impío pueblo, que entendía

que aliviaba su pena en tal jornada,

ver a su madre en el dolor presente,

al punto apartan al Hijo de María,

del Hijo apartan a su Madre amada

¡Juzgue quién sabe quién más pena siente!

El Verbo eterno al cielo el rostro alzado,

estando ya en la cruz donde moría,

al Padre ruega por la culpa impía

del pueblo que le tiene allí enclavado

Prométele al ladrón que está a su lado

mucho mayor merced que le pedía,

y a su Madre Santísima María

le da por hijo a Juan amado

Pregunta al Padre: «¿Qué ocasión ha habido

para desampararme, Eterno Padre?»

y vuelto al pueblo dice: «Sitio».

Y viendo que lo escrito está cumplido,

inclinando su rostro hacia su Madre,

ofrece al Padre el alma en sacrificio.