Soneto

By Francisco Camprodón y Lafont

Así que el primer hombre hubo pecado,

se nublaron los cielos de repente,

y empuñando una espada refulgente

le dijo un ángel con acento airado:

«Lejos de este lugar que has profanado,

y al recordar su encanto , eternamente

surquen arrugas tu orgullosa frente

y anda a comer el pan del desterrado »

Transido Adán de amargo desconsuelo

cruzó sus manos y exhaló un gemido,

y al ver cerrar, con lágrimas de duelo,

tras sí las puertas del Edén perdido,

exclamó el infeliz mirando el cielo:

«Si me quitáis el bien, darme el olvido »