Sonetos – II
El Parnaso tembló: Febo indignado
despedazó su cítara de oro,
y en abundante y encendido lloro
Melpómene bañó su rostro airado
Carnerero, de berros coronado,
conduce al ara el furibundo coro;
Comella, oyendo el cántico sonoro,
desde el limbo sonríe alborozado.
Intenso y fiero, con osada planta,
ante el marmóreo altar Solís parece
y la segur de Góngora levanta.
Triste Racine al verla se estremece;
baja Alfiere desnuda la garganta,
y al sacrifico bárbaro la ofrece.