Sonetos – IV

By Melchor Palau y Català

Cuando el sol caminaba hacia su ocaso,

vio Nise a Amor en su florido otero,

y, acercándose a él con lento paso,

cogióle entre sus brazos prisionero.

Queriendo engalanarse con sus galas,

fue arrancándole plumas de las alas;

tantas, que cuando quiso alzar el vuelo,

quedose el dios como adherido al suelo.

Desde aquel día, en los torneados brazos

de mi amada reposa el ciego niño,

a hurto disparando esos flechazos

que abren hondas heridas de cariño

Por eso cuantos a mi Nise miran

flechados pro Amor, de amor suspiran