Sonetos – IV

By Miguel W. Garaycochea

Nací y lloré sin haber aún sentido

si tenía experiencia en ese estado,

entré en razón, y entonces, desdichado,

toda clase de penas he sufrido.

Mi juventud se acerca ya al olvido;

la vejez llega a paso apresurado;

y de la muerte el rostro descarnado

veré patente un día no sabido

¿No es, pues, la vida un don bastante triste?

¿No es un peso que abruma a los mortales?

¡Nada se sufre cuando no se existe!

Esto dicen los hombres inmorales

a quienes ya la religión no asiste

con la esperanza en premios inmortales.