Sonetos – IX

By Miguel W. Garaycochea

Al darte el corazón, dulce bien mío,

no al influjo cedí de fatal hado

n de torpes deseos dominado

la llave te entregué de mi albedrío

Ni culpo del amor al poderío,

pues te quise y amé sobre pensado;

ni un afecto tan tierno y delicado

ha podido nacer de un desvarío

Tampoco el esplendor de tu hermosura,

tu juventud, tus gracias, fueron parte

para que cautivaras mi ternura

La belleza se gasta, pese al arte;

pero el talento para siempre dura:

el tuyo me prendó ¿podré olvidarte?