Sonetos – - VI -
Soñaba yo, querida Ardenia mía,
que Amor por dar alivio a mi sed loca
el aljófar nevado de tu boca
al divino clavel robar quería
Con mi amor al respeto competía
a que tu dulce gravedad provoca
y el miedo por templar mi sed no poca
en dos fuentes los ojos convertía
Visto mi llanto, de temor nacido,
y mostrando en tu risa mil auroras
dijiste: «No haya más pastor dormido;
mira en lo que imaginas lo que ignoras;
porque si lloras, no me has conocido;
y si me has conocido, ¿por qué lloras?»