Sonetos – - VII -
Al campo de los dulces ruiseñores
el alba despertó, vistióse de oro,
y con amena risa y blando lloro,
desmayo a estrellas dio y aliento a flores.
En cuya hermosa variedad de olores,
vi que afectaba con mayor decoro
ese rojo, ese cándido tesoro,
de su llama y su luz competidores
Con ingrata arrogancia competía
con la joven aurora aquesta rosa,
y este jazmín con el infante día.
Póngolos en tu mano poderosa
por castigarlos, dulce Ardemia mía,
con tus mejillas y tu frente hermosa