Sonetos – VIII

By Gaspar Núñez de Arce

Ajenos al temor y a la tristeza

crecimos cual los frutos de una rama,

y aún alumbra el confuso panorama

de mi vida, su cándida belleza

Mas cuando la inmortal Naturaleza

dice a la juventud: ¡Despierta y ama!

y alcanzamos la edad en que la llama

de la pasión a embravecerse empieza,

su genio se volvió, para mi daño,

cayendo en singulares extravíos,

suspicaz, melancólico y huraño.

Ya extremaba, impaciente, sus desvíos

y ya, sumisa en estupor extraño,

no aparataba sus ojos de los míos.