Sonetos – XII

By Gaspar Núñez de Arce

¡Ay! ¡No era para mí ventura tanta!

Tenaz dolencia arrebatome aleve

de mi tierna ilusión la dicha breve,

que aún muerta en mi memoria se levanta

Del seno virginal de aquella santa,

como nube de incienso undosa y leve,

voló el alma, tan pura cual la nieve

que no manchó jamás humana planta

Cuando en su casto lecho, con profundo

recogimiento, el pan de terna vida

recibió, despidiéndose del mundo,

clavó en mí su mirada entorpecida

con el supremo afán del moribundo,

y quedó, al parecer, como dormida.