Sus caprichos
Una vez, por saber si cumpliría
lo que ella me ordenaba zalamera,
arrojó en la prisión de una pantera
el pañuelo que tanto le pedía
Yo intenté, demostrando valentía,
librar aquella prenda de la fiera,
y, al hacerlo, una zarpa traicionera
castigó duramente mi osadía
Ella entonces, con paso vacilante
vino a mí, de su hazaña arrepentida;
y al mirar en mi pecho palpitante
el rastro de la garra maldecida,
¡desató su cabello rutilante
para limpiar la sangre de mi herida!