Suum cuique
No, no maldigas tu infelice suerte
porque al fin nos separen, alma mía;
merecido es el mal que Dios envía,
y yo sé que merezco el de perderte.
Buscando una razón a mal tan fuerte
así, loco de amor, yo discurría
y encontrar en mis culpas pretendía
la triste causa de mi triste suerte
Mas no le queda al mísero consuelo
de encontrar en las faltas del pasado
una razón en su presente duelo
Yo seré con justicia condenado:
¿pero no sabe al fin, el justo cielo,
que tú sufres también y no has pecado?