¡Tierra!
Envuelta en los celajes de la tarde,
¡oh tierra codiciada! al fin te miro,
y brota de mis labios un suspiro
y se dilata el corazón cobarde.
¡Tierra que siempre amé, que Dios te guarde!
Y ora tumba me ofrezcas o retiro,
haz que la dulce brisa que respiro
el fuego temple que en mis venas arde
Dicha, esperanza, amor, en ti se encierra
cuanto el humano corazón ansía,
cuanto nos da placer, encanto y guerra
Por eso lloro, al verte, de alegría;
y pues te llaman todos madre tierra,
¡Recíbeme en tus brazos, madre mía!