Toledo
Tu egregia testa elevas, ¡oh!, Toledo inmortal,
coronada de fuertes murallas almenadas,
donde lucen florones de grandezas pasadas
las torres de tu Alcázar y de tu Catedral
Carlos V te impuso la púrpura imperial
El acero en tu sangre, templo, de sus espadas
el ejército hispano Sus victorias ganadas
te hicieron soberana del mundo, sin rival
Hoy eres como una vieja reina olvidada,
sin corte, sin dominios, guardando tu tesoro
en tu vasto palacio solitario y gigante.
Y en las noches de luna sales engalanada
a tu jardín desierto donde el Tajo sonoro
canta a tus pies rendido, como un antiguo amante