Toreador que cae siempre de su caballo y nunca saca la espada

By Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

Si caístes, don Blas, los serafines

cayeron de las altas jerarquías;

y cuantas fiestas hay caen en sus días;

y porque caen las rentas, hay cuatrines.

Pues ¿qué mucho que caigan tres rocines,

por lo manchado y por lo hambriento arpías?

Si queréis remediarlo, gasta en lías

lo que gastaste en lacayos ruines.

Como si ellos cayeran, los enfada

veros caer; y no hay balcón sin fallo,

que el toro le obligó a sacar la espada.

Callen y guarden, como aguardo y callo;

que caerá de su asno, si le agrada,

quien tantas cae de su caballo.