Tras una enfermedad

By Julián del Casal

Ya la fiebre domada no consume

el ardor de la sangre de mis venas,

ni el peso de sus cálidas cadenas

mi cuerpo débil sobre el lecho entume

Ahora que mi espíritu presume

hallarse libre de mortales penas,

y que podrá ascender por las serenas

regiones de la luz y del perfume

Has ¡oh Dios! que no vean ya mis ojos

la horrible realidad que me contrista

y que marche en la inmensa caravana,

o que la fiebre, con sus velos rojos,

oculte para siempre ante mi vista

la desnudez de la miseria humana