Tríptico – La novicia
Surgiste, emperatriz de los altares,
esposa de tu dulce nazareno,
con tu atavío pavoroso, lleno
de piedras, brazaletes y collares
Celoso de tus júbilos albares,
el ataúd te recogió en su seno
y hubo en tu místico perfil un pleno
desmayo de crepúsculos lunares
Al contemplar tu cabellera muerta
avivose en tu espíritu una incierta
huella de amor Y mientras que los bronces
se alegraban, brotaron tus pupilas
lágrimas que ignoraron hasta entonces
la senda en flor de tus ojeras lilas