Túmulo al serenísimo Infante Don Carlos

By Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

Entre las coronadas sombras mías

que guardas. ¡oh glorioso monumento!,

bien merecen lugar, bien ornamento,

las llamas antes, ya cenizas frías.

Guarda, ¡oh!, sus breves malogrados días

en religioso y alto sentimiento;

ya que en polvo atesora el escarmiento,

su gloria a las supremas monarquías.

No pase huésped por aquí que ignore

el duro caso, y que en las piedras duras,

con los ojos que el título leyere,

a don Carlos no aclame y no le llore,

si no fuere más duro que ellas duras,

cuando lo que ellas sienten no sintiere.