Un casado se ríe del adúltero que le paga el gozar con susto lo que a él le sobr...

By Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

Díceme, don Jerónimo, que dices

que me pones los cuernos con Ginesa;

yo digo que me pones casa y mesa;

y en la mesa, capones y perdices.

Yo hallo que me pones los tapices

cuando el calor por el octubre cesa;

por ti mi bolsa, no mi testa, pesa,

aunque con molde de oro me la rices.

Este argumento es fuerte y es agudo:

tú imaginas ponerme cuernos; de obra

yo, porque lo imaginas, te desnudo.

Más cuerno es el que paga que el que cobra;

ergo, aquel que me paga, es el cornudo,

lo que de mi mujer a mí me sobra.