Un cielo gris
Este cielo de plomo y ceniza que embarga
la ciudad y los campos con su dolencia umbría,
en donde no hay estrellas y la noche se alarga,
pone su pesadumbre dentro del alma mía
En sus dilataciones vuela una brisa amarga
de quejas otoñales Allá, en la lejanía,
un sol de ópalo muerto vacila y se aletarga
Parece que la bóveda esté abortando al día
La lluvia balbucea en los altos cristales,
con la monotonía de aquellos conventuales
oficios, que terminan siempre en un Miserere.
Y el espíritu trata, en la vigila densa,
de hilvanar estas rimas donde, abstraído, piensa
en todo lo que nace y al mismo tiempo muere.