Una estepa del Nazas

By Manuel José Othón

¡Ni un verdecito alcor, ni una pradera!

Tan sólo miro, de mi vista enfrente,

la llanura sin fin, seca y ardiente,

donde jamás reinó la primavera.

Rueda el río monótono en la austera

cuenca, sin un candil, ni una rompiente

y al ras del horizonte, el sol poniente,

cual la boca de un horno, reverbera.

Y en esta gama gris que no abrillanta

ningún color; aquí, do el aire azota

con ígneo soplo la reseca planta,

sólo al romper su cárcel, la bellota

en el pajizo algodonal levanta

de su cándido airón la blanca nota