Una tarde me dijo...

By Ubaldo R. Villar

Padecía de un mal que no se cura

¡Y siempre estaba triste! ¡Era tan hondo

el dolor que mostraba, allá en el fondo

de los ojos velados de amargura!

Una tarde me dijo: -Siento el frío

de la muerte en los huesos, y quisiera

no apartarme de ti ¡Ay! ¡Si pudiera

tu corazón de fuego unir al mío!

Y suspiró después En sus pupilas

las lágrimas pugnaron intranquilas

cual si quisieran escapar de acuerdo.

Y cuando al fin rodaron, fue tan largo

el copioso raudal y tan amargo,

¡qué aun se nublan mis ojos al recuerdo!