¡Venganza!
Amargó mi existencia tu desvío,
y el verte padecer ahora me mata,
pues tu dolor, hermosa, le arrebata
el último suspiro al pecho mío
No pudo tu desdén punzante y frío
apagar mi pasión ciega insensata
como al volcán que hirviente se desata
no apaga su furor el mar bravío
Tan grande fue mi amor, que el sufrimiento
no arrancó de mi alma el fuego santo,
que encendió para amar el sentimiento
¡La muerte la acaricio sin espanto!
¡Con tal que sea feliz muero contento!
así me vengo aunque me heriste tanto.