VESTISTE A MI DOLOR DE POESÍA
Doce rosas en flor he deshojado
en mi jardín sentimental abierto:
mi pobre corazón estaba muerto,
pero un soplo de amor lo ha despertado.
De torpes devaneos lastimado
y con el lino del dolor cubierto,
dolido de querer andaba incierto
tras de gustar la poma del pecado.
Si emponzoñó mis aguas la falsía,
otro amor sanará los manantiales.
Bendita seas tú, Rosa María,
Que, con temblores de aguas bautismales,
vestiste a mi dolor de poesía,
¡borrando mis pecados capitales!