- VI - A un devoto

By Diego Hurtado de Mendoza y Pacheco

Dentro de un santo templo un hombre honrado

con grave devoción rezando estaba;

sus ojos hechos fuentes enviaba

mil suspiros del pecho apasionado.

Después que por gran rato hubo besado

las religiosas cuentas que llevaba,

con ella el buen hombre se tocaba

los ojos, boca, sienes y costado.

Creció la devoción, y pretendiendo

besar el suelo al fin, porque creía

que mayor humildad en esto encierra,

lugar pide a una vieja; ella volviendo,

el «salvo honor» le muestra, y le decía:

«Besar aquí, señor, que todo es tierra».