Vieja que aún no se quería desdecir de moza. Castígala con la similitud del jard...

By Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

Ya salió, Lamia, del jardín tu rostro;

huyó la rosa que vistió la espina;

y la azucena huyó y la clavellina,

y, en el clavel, el múrice y el ostro.

Entro en el monte, a profesar el mostro,

tu cara reducida a salvajina;

toda malezas es, donde la encina

mancha a la leche el ampo del calostro.

Los que fueron jazmines son chaparros,

y cambroneras son las maravillas,

simas y carcabuezos, los desgarros.

Jarales yertos, manos y mejillas;

y los marfiles, rígidos guijarros.

¿Por qué te afeitas ya, pues te traspillas?