- VII -

By Juan de Timoneda

En el soberbio mar se vio metido

Leandro y de sus ondas trastornado,

y menos del temor de muerte helado,

que del fuego de amores encendido.

Quedando congojoso, y oprimido,

de aliento y fuerza ya desamparado

de aquel estorbo sólo desmayado

muy más que de su muerte entristecido.

Habló de esta manera, mas fue en vano,

echando el alma no el postrer acento

con una voz cansada, y dolorida:

«¡O riguroso mar, o airado viento

dejarme a donde voy el llegar sano,

y luego me ahogáis a la venida!»