- VIII - A las penas del amor inmortales

By Luis Carrillo y Sotomayor

Hambriento desear, dulce apetito,

hambriento apetecer, dulce deseo,

detened el rigor, ¡ay!, ya, pues veo

mi negro día en vuestro enojo escrito.

Mientras con más calor os solicito

vuestro ardiente querer, mi dulce empleo,

por más que el bien a vuestro bien rodeo,

huye el remedio término infinito.

Sin duda moriré, pues que mis bienes

alimentan hambrientos a mis males:

tú, dulce apetecer, la culpa tienes.

Muriendo, de sus penas desiguales,

pecho, será imposible te enajenes:

hijos del alma son, son inmortales.