- VIII -

By Lupercio Leonardo de Argensola

Las tristes de Faetón bellas hermanas,

sentadas a la orilla del gran río,

lloraban de su hermano el desvarío,

al convertirse en árboles cercanas.

Decía cada cual con fuerzas vanas:

«Regir quisiste, oh loco hermano mío,

el carro que el invierno y el estío

reparte con sus ruedas soberanas.

Fue digna de tal pena tu osadía;

y porque sea común el escarmiento,

sin culpa le imitamos en la suerte».

Con este ejemplo en vano pretendía

yo, triste, refrenar mi atrevimiento,

que busca en vida gloria, o fama en muerte.