VIR BONUS II
Un día, por la senda de mi vivir complejo,
pasó un anciano noble entre la muchedumbre:
—Ese que ves—me dijo una voz,—es un viejo
Apóstol del Silencio y de la Mansedumbre.
Su corazón fué siempre como colmena abierta,
en donde las abejas de gracia peregrina
fabricaron las mieles. El que llamó a su puerta,
no volvió sin el oro de su arca y su doctrina.
Soldado y sembrador que trabajando rueda,
como agua de las manos se le fué la moneda:
y cuando se vio pobre, ya la misión cumplida,
la Pálida llegó a redimir su suerte;
¡porque Dios, justiciero, quiso darle en la muerte
lo que jamás los hombres le dieron en la vida!