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By Francisco de Aldana

Alma Venus gentil, que al tierno arquero

hijo puedes llamar y el niño amado

madre puede llamarte, encadenado

al cuello alabastrino el brazo fiero;

yo, tu siervo Damón, pobre cabrero,

más no pudiendo dar de mi ganado,

a tus aras y altar santo y sagrado

ofrezco el corazón de este cordero.

En memoria del cual, benigna diosa,

por el amor te pido -y juntamente

pedirte quiero, Amor, por Venus tuya-

que el pecho helado y frío de mi hermosa

pastora enciendas toda en llama ardiente,

tal que su curso enfrene y más no huya.