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Alma Venus gentil, que al tierno arquero
hijo puedes llamar y el niño amado
madre puede llamarte, encadenado
al cuello alabastrino el brazo fiero;
yo, tu siervo Damón, pobre cabrero,
más no pudiendo dar de mi ganado,
a tus aras y altar santo y sagrado
ofrezco el corazón de este cordero.
En memoria del cual, benigna diosa,
por el amor te pido -y juntamente
pedirte quiero, Amor, por Venus tuya-
que el pecho helado y frío de mi hermosa
pastora enciendas toda en llama ardiente,
tal que su curso enfrene y más no huya.