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Alcida, ¿ves perdida en la montaña
de aquel breñoso risco la dureza?
¿Viste en el mar acaso la braveza
del revoltoso viento que se ensaña?
¿Viste el coraje, el ímpetu y la saña
del jabalí acosado en la maleza?
¿La furia, el desconcierto y la aspereza
del encendido Marte en la campaña?
Vuelve, Alcida, y verás la roja llama
cual va por el jaral a aquella mano
del animoso Céfiro encendida,
con el furor que aviva, cruje y brama,
talando por do pasa monte y llano;
pues mucho más cruel eres, Alcida.