- XCII - A sus ojos, que fueron causa de un pensamiento lascivo

By Pedro Soto de Rojas

Perdí la pura luz por mis antojos

dignos (¡ay triste!) de mayor quebranto,

muriose mi esperanza del espanto;

resucitó el dolor de mis enojos.

¿Quién atará las fuentes de mis ojos,

si conoce la causa de mi llanto?

Llorad ojos, llorad, llorad, y tanto,

que ablandéis el rigor de estos abrojos.

Pues el que induce a delinquir, se atreve,

y mi intento indujiste, que está ciego,

pagad ojos, que él paga lo que debe.

Perded vuestro cristal, cual cera al fuego;

o cual al rubio sol, la blanca nieve,

quizá perdido, ganaréis sosiego.