- XCVII - A una nave que después de muchas borrascas, flotando segura, llegó al ...
Este en selva constante alado pino
que los impulsos resistió de Eolo,
pisó las metas de uno y otro polo
felizmente en entrambos peregrino.
Cuyo vuelo inmortal, cuyo camino,
primer milagro al mundo, si no solo,
émulo puerto al discurrir de Apolo
en la inmortalidad a lograr vino.
Donde con nombre digno de Victoria
en los álgidos senos no hay ninguno
sin viva luz de su farol ardiente,
tal que el tiempo tributa a la memoria
del gran Jasón, del ínclito Neptuno,
náutico honor del húmedo tridente.