- XCVIII - En una sospecha porfiada poniéndose de parte de la razón
Y tú también, cobarde pensamiento,
estorbas, que mi muerte se dilate,
deja que el alma fatigada, trate
de no esperar alivio en el tormento.
El corazón, que tan herido siento,
sin que a ningún peligro se recate,
saldrá del albedrío en el combate
menos rendido, cuanto más sangriento.
Sepa la voluntad, que la victoria
será de la razón, menospreciando
la vida que no estimo, ni defiendo.
Que armada de mi ofensa la memoria,
he de vencer con el honor penando,
y de cumplir con el amor muriendo.