- XI -

By Juan de Timoneda

A una ninfa yo vi que se peinaba

con un peine de plata de oro fino,

sobre el pecho y el cuello cristalino

se esparce y su blancura matizaba.

Y cuando con el peine lo apartaba,

se veía el cuello y pecho que es tan digno,

y un rostro que mirarle es desatino

pues como ciega el sol así cegaba.

Volviendo sobre mí, que no fue poco,

le dije: «Gracia es esta y hermosura

para causar cien mil competidores.

Quien cuerdo fuere, aquí será más loco,

que no puede, señora, haber cordura

mayor que enloquecer por tus amores.»