- XII -
Ya de nuestra amistad el yugo leve
que un tiempo tu cerviz obedecía,
del todo cargará sobre la mía
pues ella a sustentarle no se atreve.
A la inconstancia este temor se debe
que tan a mi pesar me desconfía,
la fe que ayer milagros ofrecía
hoy es tibia, mañana será leve.
No del todo a Deidad tan venerable
faltes, asiste a lo exterior siquiera,
y en lo que a tu opinión debes repara.
Que si yo restaurártela pudiera
a sólo defenderte de mudable
todo lo que no es serlo aventurara.