- XII -

By Gabriel Bocángel y Unzueta

Un tirano formó de bronce ardiente,

estudiando el mayor horrendo insulto,

un toro, en cuyo horrible y hueco bulto

arder miró al infausto delincuente.

Por no moverse a pena del doliente,

ni dar a la piedad posible indulto,

dispuso que el clamor del hombre oculto

suene a bramido en el metal luciente.

Mis espíritus, Filis, encerrados

en tu desdén, llegando a tus oídos

no suenan como van de mi dictados,

que, porque no te muevan mis gemidos,

en el metal de tu desdén trocados,

habla el alma, y escuchas los sentidos.