- XIII -
Vuelve el cielo, y el tiempo huye y calla,
y despierta callando tu tardanza;
crece el deseo y mengua la esperanza
tanto más cuanto más lejos te halla.
Mi alma es hecha campo de batalla,
combaten el recelo y confianza,
asegura la fe toda mudanza
aunque sospechas andan por mudalla.
Yo sufro y muero y díjete, Señora:
«¿Cuándo será aquel día que estaré
libre de esta contienda en tu presencia?»
Respóndeme tu saña matadora:
«Juzga lo que ha de ser por lo que fue,
que menos son tus males en ausencia».