- XIII -

By Lupercio Leonardo de Argensola

Jamás salidos en el mar de oriente

de blancas conchas los preciosos granos

(por más que adornen sienes de tiranos,

o de alguna cruel la hermosa frente),

tuvieron el lugar que amor consiente

que hoy mis lágrimas tengan por sus manos;

es tal, que de los dioses soberanos

fue visto y envidiado dignamente.

La misma Venus las recoge, e hizo

entre ardientes rubís divino adorno,

el cual tejió con sus cabellos largos.

Vióse, y tanto de sí se satisfizo,

que a vencer se atreviera sin soborno,

aunque juzgaran Menéalo y Argos.