- XIV - Habiendo llamado a su zagala Aurora, pide a la del cielo, que se detenga...

By Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

Tú, princesa bellísima del día,

de las sombras nocturnas triunfadora,

oro risueño y púrpura pintora,

del aire melancólico alegría;

pues del sol que te sigue y que te envía

eres flagrante y rica embajadora;

pues por ennoblecerte llamé Aurora

la hermosa sin igual zagala mía,

ya que la noche me privó de vella,

y esquiva mis dos ojos, piadosa,

entretenme su imagen en tu estrella.

Niégale al sol las horas; no envidiosa

su llama, que tus luces atropella,

esconde en ti su ardiente nieve y rosa.