- XIV - ¡O nuevo ardid!
¡O nuevo ardid! ¡O misteriosa maña!
del amor grande, ciego, y prevenido,
pues el Cetro del Rey más ofendido,
porque al herir se rompa, le hace caña.
Y tú, ¡o hueca! si el viento te enmaraña,
¿cómo en la tempestad no te has torcido?
Caña, te hizo el arroyo en que has nacido;
coral, el mar de sangre que te baña.
Vana, porque te planta, te ve el cielo,
crecida, porque llegas a su palma,
seca, porque mis lágrimas son hielo.
¡O Amor! es tu red caña, por más calma,
yo pondré, pues mi yerro fue el anzuelo,
la vida por cedal, por pez, el Alma.